Lo hicimos cuando comenzó la invasión de Ucrania. Lo volvimos a hacer ante el horror continuado en Gaza. Y hoy, ante la escalada en Oriente Próximo, lo repetimos con la misma convicción: la guerra no es la solución. Nunca lo fue. Nunca lo será.
Podemos estar en desacuerdo con un régimen político. Podemos rechazar sus leyes, condenar sus prácticas, denunciar sus injusticias. Eso es legítimo y necesario. Pero bombardear un país no, porque no solamente derriba un régimen sino que mata a su gente. A la gente corriente. A las niñas que van al colegio. A los ancianos que no pueden moverse. A quienes soñaban con una vida diferente dentro del mismo sistema que otros quieren destruir desde fuera.
La prueba más dolorosa está en las más de cien niñas asesinadas en un error de bombardeo. Cien vidas. Cien familias rotas para siempre. Ese es el rostro real de la guerra, el que no aparece en los comunicados oficiales ni en las justificaciones geopolíticas.
No nos pasa desapercibido tampoco quién decide hoy sobre la vida y la muerte de pueblos enteros según su propio interés. La lógica es siempre la misma: no importa la gente, importa el cálculo. Y ese cálculo nunca lo pagan quienes lo hacen.
Desde Fogar de Insua reafirmamos nuestra posición sin ambigüedad:
No a la guerra en Oriente Próximo.
No a la guerra en Ucrania.
No a la guerra en Gaza.
No a la guerra en ningún lugar del mundo.
La Paz no es inacción. Es el trabajo más difícil y el único que merece la pena.
Fogar de Insua.

